Diversiones imperiales Nuevas construcciones Zona protegida La Ciudad Leonina  Vaticano / Santa Sede Abandono del Patriarchium

El Vaticano

Vatica - Ager Vaticanus

El desarrollo urbano de la Roma antigua tuvo lugar en la ribera izquierda del río Tíber; sobre la derecha se encontraba una zona (pagus) dominio de la poderosa Veio; la ciudad etrusca. Por lo tanto, el río Tíber representaba el límite natural entre dos culturas; la romana sobre la costa izquierda, la etrusca sobre la derecha.
A esta zona los etruscos la denominaban Vatica; al ser dominada y ocupada por los romanos, le latinizaron el nombre en Vaticanus. En época imperial era considerada zona de alto riesgo de malaria; se inundaba fácilmente con las crecidas del Tíber.
La parte inundable era la que hoy podemos ubicar entre el río Tíber y poco antes de la plaza San Pedro. Los latinos la conocían como Ager Vaticanus, una pequeña llanura entre el río Tíber y los Montes Vaticani. El terreno comenzaba a elevarse a partir de la actual basílica.

Durante el primer gobierno imperial, Augusto la incluyó entre las regiones romanas; la XIV región, denominada Trans Tiberin; «del otro lado del Tíber».
El nombre Vaticano propiamente dicho aparece mucho más tarde, sustituyendo el antiguo Ianiculum; nombre genérico que recibía toda esta zona de la XIV región de Augusto.

La tierra de los Montes Vaticani producía una arcilla de excelente calidad para la fabricación de ladrillos y vasijas de todo tipo; tanto se difundió esta artesanía que en los alrededores de los Montes se formaron poblados de artesanos.

En el Ager Vaticanus -la zona inundable- la situación era más crítica. En el libro VIII de su Storia Naturalis, Plinio el Viejo refiere que «la zona estaba plagada de mosquitos, y también de serpientes enormes». A pesar de ello, de las frecuentes inundaciones y del alto riesgo de malaria, ya en el primer siglo de nuestra Era se establecieron allí ricas familias romanas.

Diversiones imperiales

Entre las suntuosas mansiones romanas que se construyen en la zona Vaticanus, se distinguen por extensión y lujo la de la familia Domizi, y también la de Agripina la Mayor, que luego será ampliada por su hijo, el emperador Gaio Calígula, y poco después también por su nieto, el emperador Nerón.

Augusto, el primer emperador romano, construye en la zona una Naumaquia; estadio para espectáculos de batallas navales. Calígula, un apasionado por las carreras de bigas y cuadrigas, al ser coronado emperador (año 37), destina un espacio cerca de la Naumaquia de Augusto para realizar una gran pista circense de ejercitaciones ecuestres; el Gaianum. En la zona tendrá lugar también un parque de recreación deportiva, destinado a las familias imperiales y sus respectivas cortes.

Luego, el mismo Calígula construye un circo romano según la estructura clásica de los grandes circos públicos, si bien de dimensiones inferiores. En el centro de la spina (línea divisoria longitudinal de la arena) había hecho colocar un obelisco expresamente transportado desde Egipto; se trata del mismo que aún se encuentra en el centro de la plaza San Pedro.

Calígula fallece (asesinado) en el año 41; su Circo queda inconcluso. Años más tarde lo terminará su sobrino; el emperador Nerón. Se lo llamará Circus Gai et Neroni.

Del circo a la necrópolis

Dominado ya el gran incendio de Roma del año 64, Nerón celebra su décimo aniversario de emperador con una gran fiesta en su Circo: da lugar así a la primera persecución imperial a los cristianos, durante la cual es martirizado el entonces primer obispo de Roma: Pedro.

Los compañeros, amigos y fieles secuaces del apóstol lo sepultan en las inmediaciones del Circo, junto a tumbas «paganas».

Cuatro años después de haber «festejado» brutalmente su décimo aniversario en el trono, Nerón se suicida; con su ausencia van apagándose los ecos del Circo.
Alrededor del sepulcro de Pedro, se desarrolla paulatinamente una verdadera necrópolis mixta: paganocristiana.

A principios del siglo 4 el emperador Constantino proclama la Libertad de Culto; de acuerdo con el papa Silvestre deciden construir una gran basílica sobre la tumba de Pedro, y por consiguiente sobre la necrópolis.

Naumaquia

Circus Gai et Neroni

Nerón

Calígula

Escudo de los Estados Pontificios

Zona protegida

En el año 330 el emperador Constantino transfiere la sede imperial a Bizancio, ciudad que a partir de entonces se llamará Constantinopla. Si bien en Roma queda un imperio naciente (el papado) la ciudad se debilita militarmente. A principios del siglo siguiente (5), Roma comienza a sufrir las invasiones bárbaras de godos y vándalos. Se trataba de bárbaros cristianizados, que en sus brutales saqueos respetaron las dos basílicas de los apóstoles Pedro y Pablo.

La zona Vaticanus queda entonces a salvo de ciertos invasores; alrededor de la gran basílica de Pedro va formándose un aglomerado de casas populares, en búsqueda de protección.
Esta pequeña aglomeración se desarrolló notablemente en los siglos sucesivos con las peregrinaciones nórdicas; recibirá el nombre de Borgo (latinismo de burg), hasta convertirse en el actual Borgo Pio. Muchos fueron y son los clérigos y prelados residentes allí, al amparo del apostolado de Pedro. El mismo cardenal Ratzinger vivió durante más de veinte años en este histórico Borgo Pio, hasta que fue consagrado pontífice con el nombre de Benedicto XVI.

El primer «pontífice vaticano»

Desde el siglo 4 y durante todo el Medioevo, los papas residieron en el Patriarchio, el palacio pontificio junto a la Archibasílica San Juan en Laterano; Catedral de Roma. Por lo tanto, cuando el papa debía trasladarse a la basílica de San Pedro para cumplir sus obligaciones litúrgicas, se hacía muy cansador el entonces «largo e incómodo viaje» de ida y vuelta entre la residencia lateranense y la basílica vaticana.

Por tal motivo, a principios del siglo 6, el papa Símaco (498-514) decide construir dos residencias episcopales a ambos lados de la basílica de Pedro. Estableciendo así una sede donde poder permanecer durante dos o tres días. Pero debido al cisma llamado «laurenciano», que ensangrentó Roma con los enfrentamientos entre dos facciones (los cesaropapistas filobizantinos contra los defensores de la independencia pontificia) el papa Símaco se ve obligado a residir en estos primeros «palacios vaticanos» hasta su muerte, en el 514. En realidad, estos «primeros palacios vaticanos» no son más que dos pequeñas residencias (episcopia) destinadas exclusivamente al obispo; episcŏpus.
Los pontífices sucesores de Símaco continúan sus residencias en el Patriarchio lateranense. Pero los alrededores de la basílica de San Pedro atraen la atención de otras grandes personalidades.
En las episcopia del papa Símaco, siglos más tarde fueron hospedados Carlomagno (800) y el emperador Otón I (980).

León IV (847-55)
y la Ciudad Leonina

La Ciudad Leonina y otras fortificaciones pontificias

Fueron muy intensas las invasiones sarracenas durante el siglo 9, ya no se trataba de bárbaros cristianizados, como lo habían sido los godos y vándalos del siglo 4. Estos moros musulmanes -los sarracenos- estaban particularmente interesados en los tesoros de las grandes basílicas romanas de San Pedro y Pablo.

A causa de estas invasiones, el papa Gregorio IV (827-44) construye una «ciudad fortaleza» en el vecino puerto romano de Ostia, llamada Gregoriopoli; la ciudad de Gregorio.
Durante el pontificado de su sucesor, Sergio II (844-47), los sarracenos saquean nuevamente Roma.

Vistas las desastrosas consecuencias, y considerando el alto riesgo de otros saqueos inminentes, el sucesor de Sergio II, papa León IV (847-55) decide proteger con sólidas murallas una amplia zona circundante la basílica de San Pedro; desde el Mausoleo de Adriano (actual Castel Sant’Angelo) hasta la ladera occidental del Monte Vaticano.
Dentro del perímetro de estas nuevas murallas queda determinada entonces la Ciudad Leonina, de León IV, que incluye el antiguo Borgo.

Jamás habría imaginado este pontífice que, protegiendo esta zona con murallas, trazaba los límites geopolíticos (posteriormente ampliados) de lo que 1.074 años más tarde se convertiría en el Estado de la Ciudad del Vaticano.

Los invasores que llegaban por vía marítima y fluvial, desembarcaban a orillas del Tíber, muy lejos del centro habitado, y cerca de la otra gran basílica. Tal es así que el papa Juan VIII (872-82) ordenó la construcción de una pequeña ciudadela, protegida por murallas con torres, cuyo epicentro era justamente la Basílica de San Pablo extramuros, hasta entonces desprotegida, a merced de la barbarie.
Al poblado se lo llamó Giovannìpoli; la ciudad de Giovanni (Juan). También en el siglo siguiente la histórica Giovannìpoli resistió muy bien ante las invasiones de otro bárbaro, el rey germano Enrique IV (1083-84).

Nuevas construcciones

A mediados del siglo 12, Eugenio III decide construir un nuevo palacio en la zona Vaticano, que a fines de siglo será ampliado por Inocencio III, quien además lo protege con una muralla. A mediados del siglo siguiente se atribuyen nuevas construcciones a Inocencio IV.

Poco después, Nicolás III (1277-80) decide transferir su residencia al lado de San Pedro, convirtiéndose en el primer papa que voluntariamente permanece todo su pontificado en el Vaticano; proyecta nuevas construcciones, entre ellas un palacio cuadrilátero amurallado con torres angulares.
Si bien Nicolás III cumple su pontificado en los palacios del Vaticano, la residencia oficial de los papas seguirá siendo el Palatio en el Patrarchium lateranense.

Refugio imperial

El carácter arquitectónico de perfil defensivo de las primeras construcciones vaticanas, demuestra la absoluta voluntad de proteger -del fanatismo y la barbarie- el símbolo por excelencia del cristianismo occidental; la basílica que preserva la tumba del apóstol Pedro. A medida que más se la protege, aumenta su carácter protector. Es allí, junto al apóstol, donde buscarán abrigo los clérigos, prelados, laicos y fieles al cristianismo.

Las murallas de la Ciudad Leonina comunican los palacios con el mausoleo del emperador Adriano; hoy Castel Sant' Angelo. A principios del siglo 16, Alejandro VI construye un pasaje (il passetto) por sobre el segmento de murallas (aún existente) entre los palacios papales y el mausoleo imperial, para -en caso de asedio- poder refugiarse en el mausoleo.

Zona del Vaticano (estampa del siglo 15)

De la cautividad de Aviñón al abandono del Patriarchium

En el año 1305, a sólo 5 años de la proclamación del primer Jubileo cristiano, comienza la cautividad aviñonés.
Tal anomalía se prolongará hasta el año 1377.
La ausencia papal y los graves conflictos políticos en los que vivió sumergida Roma durante todo ese período, produjeron en la ciudad un gran desequilibrio que afectó también la sede pontificia. El Patriarchio lateranense, sede de residencia papal durante más de mil años, se encontraba en estado deplorable. Fue así entonces que cuando Gregorio XI regresó de Aviñón a la sede pontificia natural, estableció residencia oficial en los palacios vaticanos. A partir de entonces los papas no han vuelto a residir en el antiguo Patriarchio del Laterano.

Museos, bibliotecas, archivos, colecciones…

Las primeras construcciones habitacionales alrededor de la basílica habían comenzado bajo el pontificado de Símaco (siglo 5), pero las grandes obras de edificios y palacios se desarrollan diez siglos más tarde, a mediados del 15, bajo el pontificado de Nicolás V.
Este mismo pontífice proyecta la Biblioteca Apostólica Vaticana, que será fundada veinte años después de su muerte por Sixto IV (1475). De la Biblioteca depende el Gabinete Numismático (el Medallero) con la colección más rica de medallas papales, y la más completa que existe de monedas antiguas durante los cinco siglos de República Romana; del 509 al 29 a.C..
Es también por voluntad de Sixto IV que en el Vaticano se construye una gran capilla que llevará su nombre «Sixtina»; la capilla más famosa.

Por voluntad de Julio II, en el 1503 se originan los Museos Vaticanos; Miguel Ángel comienza los frescos del Génesis en la Sixtina, y a Rafael, un joven pintor, el mismo pontífice le encarga la decoración pictórica de sus departamentos vaticanos, mundialmente conocidas como Estancias de Rafael.

A fines del mismo siglo se funda en los jardines vaticanos el Observatorio Astronómico, donde en 1582 se llevará a cabo la reforma del calendario Juliano (Julio César, año 46 a.C.) por nuestro actual calendario Gregoriano; por voluntad del papa Gregorio XIII.

Pocos años después, bajo el pontificado de Pablo V (1611-14) se funda el Archivo Central de la Santa Sede: registros de bulas papales y documentos pontificios a partir del año 1200. De este archivo, permanentemente actualizado, deriva el Archivo Secreto Vaticano.

La denominación Archivio Segreto se documenta por primera vez a mediados del 1600. Nace como Archivo Privado (secretum) del Papa; de su jurisdicción suprema y exclusiva. Por lo tanto, es Secreto en cuanto «privado, personal» y no como Secreto en calidad de «cerrado, escondido».

Más de mil años de documentación histórica y cuatro siglos de actividad al servicio de la Iglesia, millones de documentos de todo tipo, cartas y pergaminos.

Por concesión de León XIII (1873-1903) se abre este archivo secreto a la consulta de estudiosos y estudiantes avanzados de cualquier nacionalidad y religión, convirtiéndose así en una de las fuentes más importantes de investigación histórica.

Visión de futuro

El desarrollo del actual Vaticano fue basado en construcciones de carácter defensivo de la gran basílica, pero a partir del proyecto de la Biblioteca Apostólica de Nicolás V predomina el aspecto cultural, sobre todo intelectual, siempre presente a lo largo de la historia del Papado.

Es como si en aquella antigua Roma, una comunidad brutalmente perseguida y durante siglos vituperada, hubiera comenzado a perfilar un proyecto bimilenario, para que un día -quizás cuándo- poder llegar a ser un Estado libre e independiente… lo que realmente sucedió.

Actualización: junio 2019

 Marcelo Yrurtia

Martine Ruais

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