Los papas

En general se habla poco de los papas; a lo sumo del moribundo, del que acaba de morir, del nuevo electo o del reinante, pero de manera muy genérica; seguramente más durante un Conclave… se habla «cada muerte de obispo» o, se dice en italiano «ogni morte di papa». Lo cierto es que sabemos muy poco de este mundo extraordinario que es El Papado.
Lo interesante es que lo poco que sabemos, lo sabemos muy mal y opinamos como expertos.

De acuerdo a fuentes históricas fidedignas, trataremos algunos argumentos que podrían ser indicativos a quienes desearan profundizar sus conocimientos al respecto.

Escudo de Rodrigo Borja, papa Alejandro VI.

Santos y beatos Los antipapas Nombre y nacionalidad Cronología pontificia  El Papado

Cronología pontificia

Independientemente de su perfil dogmático religioso, el Papado representa una institución única en la historia; ya sea tanto por su existencia bimilenaria, como por su importancia determinante en todos los aspectos del desarrollo cultural de Occidente.
Desde hace siglos se realiza una profunda investigación histórica para establecer la cronología papal exacta, pero aún así es muy poco lo que al respecto sabemos de los primeros pontificados.
Tradicionalmente, durante siglos, se consideró que Pedro había sido martirizado en el año 67; por lo tanto, Lino lo habría sucedido en ese año o en el siguiente. Sin embargo, ahora podemos afirmar que Petrus fue martirizado en el 64 (ver Pedro está aquí) por lo tanto el pontificado de Lino podría haber comenzado dos o tres años antes de lo que tradicionalmente se consideraba.

Las primeras fuentes

El estudio de la cronología papal del período paleocristiano se ha basado en los escritos de san Irineo (obispo de Lyon; siglo 2) que refiere datos de los primeros doce «papas» inmediatamente posteriores a Pedro; desde Lino (67-76) hasta Eleuterio (175-89). Si bien cita hechos importantes de alguno de ellos, no menciona la duración exacta de sus pontificados.
El orden sucesivo, documentado por Irineo, ha sido verificado y confirmado mediante detalladas investigaciones, pero ningún historiador serio se asumiría la responsabilidad de asegurar la cronografía exacta de aquellos pontificados.

A partir de las crónicas de san Irineo, el historiador Eusebio nos lega un catálogo en el que figura la cantidad de años de los primeros 29 pontificados, hasta el papa Marcelino (296-304). Luego, en un escrito anónimo del año 354; conocido como Cronógrafo, se documentan hechos y fechas que nos conducen hasta el papa Liberio (352-66).
A este Catálogo, llamado también Liberiano, se agrega el elenco redactado por san Jerónimo, que se concluye con el papa Dámaso (366-84) y, por último, el Liber Pontificalis, que basándose en el Cronógrafo (o Liberiano) llega hasta fines del Medioevo, con el papa Martino V (1417-31).

El Vaticano admite oficialmente que: hasta principios del siglo 3 se conoce la exacta sucesión papal, pero no puede confirmarse la duración de sus pontificados. A partir del siglo 3 hasta el 11 (años 200 a 1000) han podido ser documentadas con exactitud muchas fechas (día, mes y año) de principio y fin de pontificados, pero muchas otras navegan aún a la deriva de la ignorancia, y posiblemente nunca lleguen a puerto. A partir de finales del siglo 11, las fuentes históricas son cada vez más sólidas, hasta no dejar ninguna duda a partir de finales de quattrocento.

Pedro (1°)

Benedicto IX
(145° - 147° - 150°)

Francisco (266°)

De Pedro a Francisco se cuentan 266 pontificados, pero los pontífices son 264. La diferencia depende de un hecho absolutamente excepcional en la historia del Papado; durante el largo período en que la Iglesia estuvo en manos (y no al servicio) del poder político coronado, Benedicto IX fue electo en tres oportunidades; años 1032, 1045 y 1047.

Nombres de los papas

La costumbre de utilizar un «pseudónimo papal» no es común a toda la historia pontificia. Algunos historiadores sostenían que el primer papa en optar por un nombre diferente al propio había sido Juan II (siglo 4), pero estudios posteriores afirman, unánimemente, que el primero en hacerlo fue Juan XII, en el siglo 10; 955-64.

Esta curiosa práctica, que no responde a causas dogmáticas ni religiosas, se origina en un período realmente caótico de la historia del Papado. El «pontífice» que comienza con eso del pseudónimo, tenía 18 años cuando su padre -el poderoso Alberico II, señor de Roma- lo sienta sobre el trono de Pedro; independientemente y contra todo principio religioso. Se supone que este muchachito haya elegido el nombre Juan por admiración a su tío Juan XI el cual, medio siglo antes, había sido «electo pontífice» por causas análogas, teniendo poco más de 20 años de edad.

Creado el precedente, queda abierta desde entonces la posibilidad de elegir un «pseudónimo papal».
Sin embargo, la costumbre no fue continuada a partir de entonces. A principios del siglo 11 aparece un monje benedictino romano que, al ser electo pontífice, aprovecha con gran satisfacción la posibilidad de cambiarse el nombre. No se sabe si fuera su apelativo o un apodo burlesco, pero se lo conocía como Bucca Porca o Boccadiporco (Boca de Puerco). Su padre y él se llamaban Pietro, nombre que no podía utilizar porque exclusivo del apóstol; el primer papa.
En efecto, de los 264 papas, sólo el apóstol lleva ese nombre que, dicho sea de paso, también es un apodo. Lo cierto es que el pobre Pedro Boca de Puerco optó por pasar a la historia como Sergio IV.

A partir de entonces (año 1012), salvo dos excepciones -Adriano VI y Marcelo II- todos los papas utilizaron un «pseudónimo», reconocido como nombre papal o pontificio.

Nombres papales más comunes: Juan (23); Gregorio (16); Benedicto y Clemente (14); Inocencio y León (13); Pío (12).

De los 81 nombres papales (en un total de 264 pontífices) sólo uno es compuesto: Juan Pablo.

Papa Juan I

Papa Juan XXIII

La nacionalidad

En los primeros tiempos del cristianismo, los obispos de Roma (papas) fueron griegos, romanos, palestinos sirios e inclusive africanos; blancos nacidos en colonias romanas.

Hasta el 2015, el trono de Pedro lo ocuparon clérigos cuyos orígenes suman un total de 15 nacionalidades.
El 80% de los pontificados (212) corresponden a clérigos italianos; con 6,4% siguen franceses, incluyendo los 9 del «Exilio» en Aviñón; los griegos con 5,3%, y el restante 8,3% compuesto por sirios (5); españoles, alemanes y africanos (3 cada uno); dálmatas (2), y con un pontífice completan la lista los austríacos, portugueses, palestinos, ingleses, holandeses, argentinos y también los polacos, con Juan Pablo II. El papa que la noche de Navidad del año 1999 cerró el siglo 20, y entró de la mano de la Iglesia por la Puerta Santa del Tercer Milenio.

En la carta dirigida a Esmirna (Asia menor) a principios del siglo 2, Ignacio de Antioquía dice: «Donde está Cristo, allí está la Iglesia Católica». Es este el primer documento en el cual aparece la expresión «católica», que en griego significa «universal». Dos siglos más tarde, en el año 313, aquella misma Iglesia entra en un proceso de universalización al ser oficialmente admitida por el imperio romano.

A partir del año 380, el emperador Teodosio le otorga el rango de religión de Estado (imperial).

Santos y beatos

Los libros litúrgicos y hagiográficos de la Iglesia romana consideran santos a los primeros 54 papas; de Pedro a Félix IV, del año 64 al 530. Cabe señalar una diferencia importante: los primeros 31 fueron martirizados, los restantes 23 gobernaron a partir del Edicto de Milán (313), mediante el cual el emperador Constantino determina la Libertad de Culto, con particulares beneficios para los cristianos.

Podríamos decir que los 31 primeros fueron los auténticos cristianos, y a partir de Melquíades (el primero no martirizado) comienzan paulatinamente los enormes problemas entre los auténticos católicos y los usurpadores imperiales; hasta principios del siglo 19 (1806) con la caída del Sacro Imperio Romano Germánico.

En la totalidad de 266 pontificados se cuentan 78 papas canonizados y 9 beatificados.

Entre los beatos encontramos al francés Pierre de Tarentaise; Inocencio V (1276) que ocupó el trono de Pedro durante sólo 5 meses.
Fue el primer papa dominicano; amigo de Santo Tomás de Aquino. Escribió tratados de filosofía, teología y derecho canónigo, se lo apodó «doctor famossisimus». Supo defender sus principios religiosos, a pesar de mantener buenas relaciones con Carlos d’Angió.
Fue beatificado por voluntad del pueblo romano, y solemnemente sepultado en la Archibasílica, en el Laterano.

Antipapa; dogmático o político

A principios del siglo 3, el clérigo griego Hipólito consideró responsable de errores doctrinales al papa Zefirino y a su diácono Calixto. Al morir Zefirino (217), Calixto fue electo obispo de la comunidad de Roma (papa), pero los partidarios de Hipólito desconocieron su autoridad.

Hipólito fue uno de los grandes maestros eruditos de la antigüedad. Mantuvo su oposición doctrinal durante tres pontificados; fue antipapa de Calixto I, de Urbano I y de Ponziano.

Por orden imperial, en el año 235 Hipólito y el papa Ponziano fueron deportados a Cerdeña.

Poco antes de fallecer, en el destierro, Hipólito se reconcilió con la autoridad eclesial. Junto a él murió también el papa Ponziano. Los cristianos transportaron a Roma los restos de ambos «pontífices»; Ponziano fue sepultado en la Cripta de los Papas, en las Catacumbas de San Calixto; Hipólito, en un hipogeo de la via Tiburtina.

Si bien la historia lo registra como antipapa, la Iglesia le confirió a Hipólito el título de santo mártir debido a su coherencia doctrinal, erudición e intachable comportamiento al haber aceptado la condena en calidad de cristiano, por lo cual falleció.

El segundo antipapa fue Novaziano, quien por cuestiones de dogma se opone al papa Cornelio, lo que dio lugar al primer Cisma de la Iglesia. Novaziano fue presbítero en Roma y se lo considera entre los fundadores de la teología romana. Murió en Civitavecchia (cerca de Roma) víctima de las persecuciones anticristianas, bajo el emperador Valeriano (258), por no haber sacrificado a los dioses paganos.

El tercer caso (supuesto) es el de un obispo romano que, al ser deportado el papa oficial Liberio, ocupó el trono de Pedro con el nombre de Félix II. Hay gran incertidumbre al respecto (año 356); se supone que a este «antipapa» Félix II se lo confunda con un homónimo santo de Roma.
Si bien Félix II figura en los «medallones papales» de la basílica de San Pablo extramuros, la Iglesia lo considera antipapa. Siendo su caso históricamente dudable, habrían sido sólo dos los obispos o altos prelados que han presentado fuerte oposición a la autoridad papal.

A partir de entonces, todos los casos de antipapas han sido por causas de poder político.

Antipapa Hipólito

Una palabra; dos significados

El término antipapa entra en la lengua italiana en los últimos siglos del Medioevo. A partir del siglo 5 existieron muchos términos sinónimos latinos para referirse a esta singular figura política: Invasor Sedis, scismaticus, apostaticus, antichristus, intrusus, competitor, pseudopapa, adulterinus papa... y varios más.

Si bien utilizamos el mismo término «antipapa», cabe señalar la gran diferencia entre un antipapa dogmático y uno político. El dogmático -sólo dos históricamente confirmados- es un clérigo de alto rango reconocido por la comunidad, que manifiesta su marcado desacuerdo dogmático en relación al obispo reinante; el papa.

El político es un miembro del clero, corrupto por fuerzas externas a la Iglesia, que se opone al papa legítimo con la intensión de destituirlo, o bien de gobernar en nombre de la Iglesia sin necesidad de destituir a su representante oficial. Se han dado casos de antipapas laicos.

El poder a cualquier precio

Estos invasores Sedis Apostolicæ se intercalaron en el papado durante un período de diez siglos (366-1449), con un promedio de más de 3 antipapas por siglo, llegando al «récord» absoluto en un solo siglo (1080 a 1180) con 12 antipapas; 4 de ellos bajo el pontificado de Alejandro III.

Con las pretensiones desmedidas de Felipe IV de Francia recrudece el problema a principios del siglo 14, que desembocará en la teatral obstinación de la Curia francesa (súbdita de la corona) de negarse a regresar de la provincial Aviñón a Roma. Con el antipapa francés Clemente VII (1378) se abre el Cisma de Occidente, (ver) y desde entonces se suceden 7 antipapas, hasta llegar a la absurda «coronación» de un antipapa de otro antipapa.

El último antipapa fue Félix V (1439) impuesto
por el anticoncilio de Basilea (1439),
pero abdicó el 7 de abril del año 1449,
poniéndose a las órdenes del papa Nicolás V.

Prototipo de antipapa

La escuálida historia del antipapa Constantino II (siglo 8) es interesante para comprender el sujeto antipapa. El hermano mayor de un muchacho de nombre Constantino era Duque de Nepi, en la provincia romana del Lazio. Al morir el papa Pablo I (767), dicho Duque aprovecha para provocar una insurrección armada en Roma y proclamar papa a su joven hermano, que tomará el nombre de Constantino II. Pero como Constantino era laico, su hermano el Duque lo ordena sacerdote ipso facto para poder consagrarlo Papa. Se trata de una circunstancia muy arriesgada, pero no inusual en la época. Gracias a este error táctico, después de un año de «pontificado» un tribunal eclesiástico consigue deponerlo el 6 de agosto de 768. El poder de su hermano el Duque se derrumba; el «papa» Constantino II terminará su vida confinado en un monasterio.

No hay peor ciego…

Según muchos observadores externos -aún laicos- los antipapas evidencian la corrupción de la Iglesia; pero en realidad no consiguen corromperla, sólo la perjudican. Durante siglos ha sido así.

Ningún antipapa ha luchado por defender los valores de la Iglesia, sino para utilizar la fuerza que esos valores representan.

Entre estos opositores encontramos verdaderos aventureros, bandidos, delincuentes y criminales, pero la mayoría no han sido más que pobres marionetas al servicio de facciones políticas alimentadas por potentes emperadores y reyes, o bien por debilitados soberanos que intentaban la última carta, disfrazando con sotana y tiara a alguno de sus serviles súbditos.
Sin embargo, son muchos los observadores externos -aún laicos- que es muy poco lo que observan.

Actualización: junio 2019

 Marcelo Yrurtia

Martine Ruais

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