El juicio del cadáver El Cónclave Aviñón y el Gran Cisma La Papisa Juana  El Papado

El sumo pontífice y su corte debían abandonar periódicamente el palacio lateranense (el Patriarchio) en busca de un exilio que ofreciera menos inseguridad; la seguridad era sólo una pálida quimera.

Uno de los sitios de exilio era Viterbo; encantadora y pequeña ciudad, a pocos kilómetros de Roma.

Al fallecer Clemente IV, el 1 de diciembre del año 1268, en el palacio papal de Viterbo se reúnen los cardenales para elegir a su sucesor; comienza así una de las elecciones papales más complicadas de la historia.

En el seno de la Iglesia católica se habían delineado dos facciones; una partidaria de un papa italiano; la otra de uno francés. Ninguna de las dos conseguía obtener la mayoría necesaria para la designación de su propio candidato.

Historia y curiosidades

Cónclave; cardenales bajo llave

Durante todo el Medioevo, y en particular entre los siglos IX a XIII, apoderarse del trono pontificio, o en caso contrario derribarlo, eran los objetivos comunes de todo mandatario. No bastaba una simple corona real, era indispensable la triple;
la de la tiara papal.

Se vivía en estado casi permanente de «jaque al papa».

Palacio de Viterbo - A mediados del siglo 13, con la ambición de convertir Viterbo en sede pontificia permanente, el gobernador Raniero Gatti construye un palacio destinado al papa y a toda su corte. El primer papa que lo habita es Clemente IV (1265 - 68).

Si bien a distancia, los principales soberanos europeos participaban a esta elección, ejerciendo fuertes presiones. Otros en cambio -menos soberanos pero igualmente oportunistas- aprovechaban la sede pontificia vacante para reforzar sus escasos poderes locales, mediante intrigas y elucubraciones.

Los cardenales se reunían a diario en el palacio; pasaban las horas y los días allí dentro sin que nada resultara de esas reuniones. Las horas y los días se convirtieron en semanas que fueron meses y los meses…

Los políticos y ciudadanos de Viterbo recibían fuertes presiones de toda Europa para acelerar la decisión de los cardenales. Por tal motivo, el alcalde de Viterbo, Corrado di Alviano, exige enérgicamente a los prelados para que tomen una rápida decisión. La respuesta boomerang fue inmediata y muy significativa; en común acuerdo los cardenales excomulgan al alcalde, que se ve obligado a renunciar a su cargo.

Lo sucede Raniero Gatti, exponente de una de las familias más influyentes de Viterbo. El nuevo alcalde toma una drástica decisión: acompañado por un grupo de ciudadanos irrumpe en el palacio y encierra con llave a los cardenales en el salón. Los altos prelados quedan reunidos, pero encerrados cum clave (con llave), de donde proviene el término Cónclave y la expresión reunidos en Cónclave.

El 18 de junio de 1270, los 17 cardenales encerrados cum clave envían este pergamino al gobernador Gatti, solicitándole autorice salir al cardenal Enrico da Susa, por motivos de salud. En realidad, el cardenal da Susa renunciaba a continuar en tales condiciones de higiene deplorable, viviendo día y noche a la intemperie, aun en invierno; como si ellos -los prelados- fueran los culpables y responsables de las interminables luchas de poder en toda Europa.

Papa Gregorio X

Por lo sucedido en Viterbo, Gregorio X decide encarar el problema (julio, 1274) mediante la constitución Ubi periculum, en la que determina las normas para el Cónclave; término que por primera vez figura en un texto. En él se declara como sigue:

«Si al cabo de tres días, los cardenales no hubieren concluido la elección del pontífice, durante los cinco días sucesivos recibirán un solo plato para el almuerzo y uno solo para la cena. Pasado este lapso serán nutridos solamente con pan, vino y agua

A pesar de la drástica medida, los cardenales continuaron sus tratativas sin modificar el ritmo; es posible que quizás en el encierro se sintieran más tranquilos para trabajar con calma.

Los viterbeses deciden entonces reducirles los víveres, pero los cardenales continuaron en la misma actitud. Consideraban que la decisión que debían tomar era mucho más grave y seria que una simple puerta cerrada con llave y una dieta impuesta.

El cardenal Juan de Toledo, obispo de Porto, que se encontraba en Viterbo, pero no participaba en calidad de elector, con cierta ironía eclesiástica comentó que «evidentemente, el techo del palacio no les permite que el Espíritu Santo los ilumine».

La aparente humorada del obispo, era en realidad una «sugerencia cardenalicia» que los viterbeses supieron interpretar al pie de la letra: desmontaron el techo del salón del palacio, dejando así a los cardenales encerrados cum clave, pero además a la intemperie y con poquísimos víveres.

No sabemos si la «sugerencia» del obispo de Porto aceleró en algo el proceso. Lo cierto es que después de treinta y tres meses de sede pontificia vacante -casi tres años- los cardenales «encerrados al aire libre» deciden declarar nuevo pontífice a un archidiácono italiano, Tebaldo Visconti, ajeno a las intrigas de poder generadas durante semejante interregno papal.

El nuevo pontífice fue consagrado el 27 de marzo de 1271 como Gregorio X; su nombre pasa a la historia relacionado al origen del término Cónclave.

Cuatro siglos más tarde, Gregorio XV determina las normas para los escrutinios.

Hasta que en el siglo 20, mediante las constituciones de Pío X (1904), Pío XI (1922) y Pío XII (1945) se reglamentan definitivamente las complejas normas para las elecciones pontificias; en «Cum - clave».

Actualización: junio 2019

 Marcelo Yrurtia

Martine Ruais

Made with Adobe Muse