Repaso

Una versión legendaria

En realidad, es muy poco verosímil que una persona llegara a los cien años en aquella época, cuando el promedio de vida raramente superaba los cincuenta.
Pero aun admitiendo esta posibilidad extraordinaria, sería prácticamente imposible que un hombre más que centenario soportara semejante viaje; más de 1.500 kilómetros, a pie, en carro o a caballo, por caminos en estado deplorable, y cruzando los Alpes en una estación de muy bajas temperaturas.

Cabe considerar el efecto emocional e incontrolable que siempre ha producido en la humanidad el cambio de siglo: reacciones de histerismo colectivo, «visiones» jamás vistas y todo tipo predicciones extraordinarias que nunca se han cumplido.

Es realmente notable como el inicio de un nuevo período produce el sentido del fin. Una evidencia de ello es el ruego que los romeros dirigían al papa: «Danos, oh Santo Padre, tu bendición, antes que nos alcance la muerte».

La confesión del romero

Se dijo que entre la multitud de peregrinos romeros había un anciano más que centenario proveniente de la diócesis de Beauvais, en Francia. Él había corrido la voz de que estaba ante la Basílica San Pedro por un pedido que, según él, su padre le había hecho cien años atrás.
La versión llega a oídos del cardenal Jacobo Stefaneschi, uno de los clérigos más cercanos al papa Bonifacio VIII. El cardenal ordena entonces a los guardias de la basílica que localicen al anciano romero; desea conversar con él y saber por qué difundió esa noticia.

Luego de unos días -apenas comenzado el año 1300- un grupo de guardias de la basílica conduce el anciano romero ante el cardenal Stefaneschi. Ante un grupo de prelados colaboradores del cardenal, el anciano romero francés, de rodillas confiesa la causa de su viaje a Roma; a la basílica de Pedro.
«Recuerdo que siendo yo aún muy niño, en el centesmo pasado (1200), mi padre vino a Roma para obtener la indulgencia. De retorno a casa, con gran entusiasmo me rogó que asistiera aquí el próximo centesmo para obtener la indulgencia a mis pecados».

Después de consultar con sus colaboradores, el cardenal condujo el romero ante el papa, que lógicamente escuchó la misma historia.

Vox populi

Ante las puertas de la gran basílica, entre los peregrinos romeros se corre la voz que el centesmo será un año de perdón. Se dice que quienes visiten la basílica de Pedro obtendrán la indulgencia secular.

El cardenal Stefaneschi, secretario del papa Bonifacio VIII, en su relación titulada Liber de centesimo anno sive de Iubileo, documenta los hechos, que citamos a continuación:

«Hasta entrada la noche del 25 de diciembre todo procedió normalmente de acuerdo a la liturgia de Navidad. Pero llegada la medianoche, los romeros comenzaron a invadir la basílica de San Pedro; formando una verdadera multitud, se dirigieron hacia la tumba del apóstol. Creían que esa noche, de esa tumba emanaría milagrosamente la indulgencia plenaria; todos los pecados serían perdonados, todas las penas superadas y que, a partir de entonces, la indulgencia -el perdón- duraría cien años.»

Para los guardias de la basílica resulta imposible detener ese empuje de entusiasmo.
En el ambiente vaticano todos se sorprenden; nadie recuerda -ni siquiera por referencias- un hecho de tal magnitud.

Días después, el papa Bonifacio VIII, pide que se consulten los archivos históricos del palacio pontificio. Dudaba que se hubiera verificado un fenómeno análogo en los años «centesmos» anteriores; 1200 y 1100, pero quería saberlo. La historia confirmó su duda; los bibliotecarios le comunican que nada semejante se documentaba en los enormes archivos del tiempo.

El siglo 13 (años 1200) es un largo período teñido de sangre por brutales luchas de poder, oscurecido por herejías que contrastan las tradiciones de la Iglesia.

Sin embargo, en la gente común crece el sentimiento de fe cristiana; se desea la salvación del alma mediante el perdón de los pecados; la Indulgencia.

Ambas facetas caracterizan un neto contraste medieval.

Indulgencia

Bonifacio VIII

Indulgencia sorpresiva

Durante el 1289, recta final al nuevo siglo, el papa Nicolás IV otorga la indulgencia a los fieles que se encuentran en Roma en peregrinaje.

El pontífice determina que la indulgencia será válida por 7 años y 7 cuarentenas; en total, poco menos de 8 años. Esto toma de sorpresa a los peregrinos, quienes al regresar a sus casas difunden la noticia por todo el poblado con alegría y orgullo: El papa nos ha premiado con la indulgencia.

A medida que se acerca el 1300, un nuevo año centesmo (como se lo llamaba entonces al año que abre un siglo) aumenta el deseo del «perdón para todos»; como el otorgado por aquella sorpresiva indulgencia otorgada hacía ya diez años.

Es así entonces que a mediados del último año del siglo, una cantidad extraordinaria de peregrinos comienza a encaminarse hacia una meta común: Roma, la basílica de Pedro, donde se encuentra la tumba del apóstol.

Si bien de personalidad controvertida, Bonifacio VIII fue un hombre de muy alto nivel cultural, demostrando extraordinario conocimiento del Derecho Canónico, reorganizó la Administración de la Curia Romana y de los Archivos Vaticanos.

Poco meses antes de morir, con la bula In suprema praeminentia dignitatis, del 20 de abril 1303, fundó la Università degli Studi di Roma La Sapienza, aún hoy (2016) considerada entre las tres primeras de Europa.

Bonifacio VIII, al siglo Benedetto Caetani, falleció el 11 de octubre del año 1303.
Sus restos tienen sepultura en las Grutas Vaticanas.

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Actualización: junio 2019

 Marcelo Yrurtia

Martine Ruais

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