Basílicas y Catacumbas  Repaso
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Voces del pasado Catacumba no significa ....

Silencio en las catacumbas

Con la proclamación del Edicto de Milán (313) los restos de Pedro y Pablo son trasladados nuevamente a sus sepulcros originales; los de Pedro en la zona del Vaticano; los de Pablo sobre la via Ostiense.
Los restos de Sebastián quedaron ad Catacumbas, dónde en su homenaje se construyó una Basílica.

Dentro del perímetro de las murallas, en la ciudad se comienza la construcción de iglesias.
Ante los saqueos de los ejércitos invasores, que arrasan los campos en los alrededores de Roma, los papas consideran necesario transportar los restos de los mártires, de las catacumbas a las nuevas iglesias de la gran urbe. Por tal motivo se reduce mucho el peregrinaje a los cœmenteriæ, que inevitablemente van cayendo en el olvido.

En los «itinerarios» del siglo 7; Guías de Roma Cristiana para Peregrinos, aún se citan estos históricos cementerios, pero dos siglos más tarde se recordará solo el Cimitero ad Catacumbas de San Sebastián. Al resto, y valga la metáfora, fue como si se los hubiera tragado la tierra.

Las catacumbas de San Sebastián estuvieron siempre presentes en aquellas antiquísimas «guías itinerario». Así fue como esta palabra de misteriosa apariencia, catacumba, se convierte en sinónimo de cementerio cristiano subterráneo; referido específicamente a los de aquel primer período del cristianismo en Occidente.

El diácono Severo
En su cubículo se encuentra una lápida que certifica
la autorización del papa Marcelino. Dice así :

CVBICVLVM DVPLEX CVM ARCISOLIS ET LVMINARI IVSS PP (papa) SVI MARCELLINI… «El diácono Severo, autorizado por su papa Marcelino, hace un cubículo con arcosolio y luminario; tranquila demora para sí y sus familiares»

Es el documento epigráfico -hasta los ahora descubiertos- en el cual por primera vez
se llama papa (PP) al obispo de Roma.

El papa Marcelino pontificó entre los años 296 y 304.

Voces del pasado

En los primeros decenios del Quinientos fue encontrado, casualmente, uno de aquellos tantos cœmenteriæ; el de Trasone, en la via Salaria de Roma.

En 1539, Antonio Bosio, un joven de apenas 18 años, agente de la Orden de Malta, comienza una exploración sistemática en la campiña romana.

En sus caminatas hacia el pasado lo acompañaba siempre Angelo Santini, su amigo pintor quien, con gran atención, copiaba en dibujos todos los objetos que iban surgiendo de las entrañas del tiempo. Se acumuló así gran cantidad del material con el que se ilustró la publicación de la obra póstuma de Bosio: «Roma sotterranea, nella quale si tratta de’ sacri cimiterii di Roma».

Si bien bajo tierra, también Antonio Bosio había descubierto un antiguo nuevo mundo. Se lo apodó entonces el Cristóbal Colón de Roma Subterránea, y así se lo recuerda.

Giovanni Battista De Rossi
1822 - 94

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Después de la muerte de Bosio (1629), otros arqueólogos continuaron la obra, pero con menos éxito. Hasta que tres siglos más tarde, Juan Bautista De Rossi, uno de los principales precursores de la arqueología moderna, dedicó 50 de sus 72 años de vida al estudio de las catacumbas, alcanzando resultados realmente asombrosos.

Las de San Sebastián fueron las más célebres, por haber recibido sepultura provisoria en el lugar los apóstoles Pedro y Pablo, y junto a ellos sepultado un destacado mártir; San Sebastián.

Las más augustas, en cambio, como lo declaró el papa Juan XXIII, fueron las de San Calixto. Heredaron el nombre del diácono que, a principios del siglo 3, fue nombrado administrador del área subterránea por el papa Zefirino.

Al fallecer Zefirino, Calixto fue electo papa en el 217, y amplió notablemente estas catacumbas, de las cuales se han descubierto, hasta el presente, 20 km de galerías subterráneas, sobrepuestas en cuatro niveles.

Para su estudio fue necesario catalogarla en Regiones: la de Lucina (la más antigua), la de san Calixto (con la cripta de los papas) la de santa Cecilia, la de san Eusebio, la Galería de los Sacramentos y la región Liberiana.

Catacumbas de San Calixto – Cripta de Lucina.
Pintura que representa al papa san Cornelio (izq.)
aquí sepultado en el año 253.
A  su lado, san Cipriano, obispo de Cartago.

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Hipogeo de via Latina - «Médico» rodeado por sus discípulos.

Uno de ellos, con una vara señala una figura humana tendida en el suelo, con un gran orificio en el estómago; podría tratarse de un cadáver.

Motivo profano, muy poco común en la pintura simbólica funeraria.

Algunos insignes estudiosos de Historia de la Medicina identifican esta imagen como «Lección de Anatomía», y consideran que sea ésta la primera imagen de su género, históricamente documentada en Occidente.

Catacumbas de Domitila - En el vestíbulo de la basílica se encuentran sarcófagos paganos y cristianos, algunos de los cuales con ricas ornamentaciones.

Las Catacumbas de Domitila, una de las mayores y más antiguas de Roma, conservan una basílica subterránea de tres naves, construida entre los años 390 y 395 sobre las tumbas de los santos Nereo y Aquileo.

Catacumba no significa cementerio ni tampoco subterráneo

En Roma se han descubierto aproximadamente 60 catacumbas, con un total que supera los 700 kilómetros de galerías subterráneas. Entre millares de tumbas de fieles anónimos -han sido descubiertas más de 750.000- también se encuentran las de grandes personalidades históricas del cristianismo que -ya muchos antes del período constantiniano- delinearon caminos determinantes en la evolución y desarrollo del pensamiento occidental.

Además de las romanas, en Italia hay catacumbas importantes en Nápoles y Siracusa, como así en las provincias de Toscana, Umbria, Abruzzo, Campania, Sicilia y Cerdeña. Fuera de Italia, los cristianos han dejado catacumbas en otras regiones del imperio; Malta, Asia Menor y Norte de África.
Son erróneamente considerados catacumbas otros cementerios que, a pesar de ser subterráneos, no corresponden al período paleocristiano ni a las raíces del cristianismo.

En virtud del art. 33 del Concordato entre el Estado del Vaticano y el Estado italiano (1929), las catacumbas de Italia, y en particular las de Roma, son disponibilidad del Estado de la Ciudad del Vaticano, que costea gastos de tutela y conservación.
La Comisión Pontificia de Arqueología Sacra es responsable de la exploración e investigación científica.

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Actualización: junio 2019

 Marcelo Yrurtia

Martine Ruais

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