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Brotan tres iglesias Basílica de los Tres Emperadores

San Pablo extramuros

El descuido fatal

Celosamente cuidada por decenas de pontífices, y decorada por grandes artistas, fue durante siglos visitada por millones de peregrinos... hasta que una noche, la del 15 de julio de 1823, un voraz incendio la redujo casi a ruinas. Documentan las crónicas que «a un grupo de obreros que reparaba el techo, por descuido se les derramó un líquido inflamable que tomó fuego, expandiéndose de manera incontrolable».

Entonces ocupaba el pontificado el papa Pío VII, pero como  estaba gravemente enfermo se decidió no comunicarle la desgracia; falleció pocos días después.

Su sucesor, León XII, promulgó la encíclica Ad plurimas atque gravissimas (25 de enero 1825) invitando a obispos, arzobispos, nuncios y patriarcas de la cristiandad a que solicitaran la colaboración de todos los católicos del mundo, para la reconstrucción del célebre monumento.

Repaso 6

En su obra «Paseos por Roma», Stendhal relata su visita a la basílica de San Pablo, al día siguiente del incendio.
Dice haber tenido la impresión de una belleza severa, tan triste como la música de Mozart (sic). Los terribles efectos de la tragedia estaban aún a la vista; en la iglesia predominaban las superficies negras humeantes, parcialmente destruidas por el fuego. En todo se percibía una amenaza al derrumbe.
Los romanos, tristes como por la muerte de un pariente o de un amigo querido, acudían en masa para ofrecer sus tareas voluntarias. «Fue uno de los espectáculos más grandiosos y emocionantes que me ha tocado ver.»

Solidaridad universal

La respuesta fue clamorosa; el mundo entero colaboró para su reconstrucción. En las crónicas leemos que «hasta de países paganos llegaron colaboraciones». Esta extraordinaria solidaridad permitió construir la nueva basílica respetando exactamente los planos de la anterior.

De tal manera fue posible conservar un magnífico ejemplo arquitectónico de basílica paleocristiana con su cuadripórtico, las cinco naves separadas por cuatro filas de columnas; arco sacro, transepto y ábside.

A su vez, quienes la visitan, pueden remontarse a lo que fueron las grandes basílicas en los Foros Imperiales de Roma.

Altar del crucero

Donaciones reales para Pablo

A las donaciones enviadas desde todo el mundo para la reconstrucción de la Basílica, se sumaron regalos realmente extraordinarios.

El zar de Rusia Nicolás I donó malaquita, lapislázuli y otras piedras preciosas en cantidad considerable, con las que se revistieron los dos grandes altares del Crucero.

El virrey de Egipto, Muhammad Alí Pacha, le regaló seis magníficas columnas al papa Gregorio XVI; se encuentran en el interior de la basílica a ambos lados de la puerta central.

El rey Fuad I de Egipto donó a la Iglesia las planchas de finísimo alabastro con las que se cubrieron las grandes ventanas a lo largo de todas las paredes de la Basílica.

Repaso 8
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Eventos extraordinarios

Ante el entusiasmo de la comunidad cristiana internacional, después de 30 años del voraz incendio, la antigua basílica resurgía sobre la tumba del soldado apóstol.

A la solemne y multitudinaria ceremonia de renacimiento de la antigua «Basílica de los Tres Emperadores», acudieron personalidades de los cinco continentes.

La Basílica fue nuevamente consagrada por el papa Pío IX, el 10 de diciembre de 1854.

A sólo dos días de distancia la iglesia de Roma celebró dos acontecimientos extraordinarios; el 8 de diciembre Pío IX había presidido la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción.

Repaso 9

Pío IX (1846-78) acompañado por un grupo de colaboradores

Actualización: junio 2019

 Marcelo Yrurtia

Martine Ruais

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