Basílicas y Catacumbas Fontana : el arquitecto ¡¡Agua a las cuerdas!! El testigo mudo Portada San Pedro  Repaso
Donde manda capitán ...

Domenico Fontana
(Melide 1543 - 1607 Nápoles)

Emigrando de su Lugano natal, el joven arquitecto llega a Roma.
Sus primeros trabajos, como modesto estucador en la iglesia de Santa María en Valiccella, no permitían imaginar su brillante futuro como arquitecto de extraordinario ingenio. Cuando tenía sólo 27 años, el cardenal Felice Peretti (futuro papa Sixto V) lo contrató para realizar un plan regulador urbanístico de las principales arterias de la capital, y apertura de nuevas para facilitar los peregrinajes entre las cuatro grandes basílicas patriarcales.

San Pedro en Vaticano

El obelisco

 

En una ilustración del siglo 15 aún se ve el obelisco, en el mismo lugar donde lo había colocado Calígula en el año 37, para indicar el punto central de la «spina» de su Circo, que luego heredó y continuó su primo Nerón.

Fontana se destacó, entre los más grandes arquitectos del Renacimiento, por su capacidad de resolver problemas de ingenio mecánico. Fue él el encargado de transportar, de un punto a otro de la ciudad, los grandes monolitos de centenares de toneladas, sin que sufrieran fracturas; los famosos obeliscos egipcios de Roma.

En cuatro años sucesivos, a partir de 1586, transporta los obeliscos del Vaticano, de Santa María Mayor, de San Juan en Laterano y el de Piazza del Popolo. Gran interés suscitó su libro sobre el transporte y emplazamiento del obelisco vaticano, publicado en Roma en el año 1590.Durante el mismo período (1585-90) importantes obras requieren su ingenio; la capilla Sixtina de la Basílica Liberiana, el Palacio Lateranense, el Palacio del Quirinale (en principio papal, luego real y actualmente presidencial) la Biblioteca Vaticana; además de los trabajos en colaboración con Della Porta para realizar la cúpula de Miguel Ángel, a la muerte del maestro.

Durante este largo período romano trabajó con la colaboración de su hermano mayor Giovanni -extraordinario ingeniero en hidráulica- y de su sobrino Carlo Maderno, el arquitecto encargado de realizar la planta en cruz latina de la basílica de San Pedro y la monumental fachada.

Al morir Sixto V (finales de 1590) Fontana se transfiere a Nápoles, donde en 1592 es nombrado «Arquitecto Regio e Ingeniero Mayor del Reino». Aquí ve realizado su sueño de arquitecto; el Palazzo Reale.

Domenico Fontana murió en Nápoles el 28 de junio de 1607; sus restos descansan en la iglesia de Sant’Anna dei Lombardi, de la capital partenopea.

El testigo mudo; un obelisco

El primero en querer colocar el obelisco frente a la basílica fue el papa Nicolás V, a principios del siglo 14. A partir de Nicolás V, muchos otros pontífices quisieron hacerlo, pero la complejidad de la tarea para el transporte convirtió en fracaso cada uno de los proyectos realizados durante casi un siglo y medio. Sólo el genio de Fontana consiguió el objetivo. El obelisco, entonces «spina» del Circo, estaba a unos 300 metros del emplazamiento actual.
Los restos del Circo de Calígula y Nerón se esconden bajo la basílica, pero «él», como un espectador distraído al que ponen a un lado, quedó ahí, mirando y escuchando todo, desde hace casi 2.000 años.

Es el único de los 13 obeliscos egipcios de Roma que no tiene inscripciones jeroglíficas. Fue erigido en Heliópolis de Egipto (siglo 20 a.C.) por orden del faraón Amenemhet II, en agradecimiento al dios del sol Ra, por haberle permitido recuperar la vista.

Calígula hizo transportar el obelisco a Roma en el año 37. En su Naturalis Historia, Plinio el Viejo nos remite que con la grandilocuencia y locura que lo caracterizaron, Calígula exigió que el obelisco de su Circo fuera egipcio auténtico. Para transportarlo hasta Roma desde Egipto hizo construir una nave de tal magnitud y belleza -agrega Plinio- como jamás vista hasta entonces. Para evitar posibles fracturas del monolito, cargaron la nave con toneladas de lentejas a manera de colchón amortiguador. Es posible que algún día, quizás, salga de su pétreo mutismo y nos cuente todo lo que sabe y ha visto.

Repaso 8

«Della Trasportatione dell’Obelisco Vaticano et delle Fabriche

di Nostro Signore Papa Sisto V, fatte dal Cavallier Domenico Fontana

Architetto di Sua Santità, Roma 1590».

Tal el título de la publicación del arquitecto Fontana, sobre el transporte y emplazamiento del obelisco vaticano, que suscitó gran interés debido a la divulgación

de sus técnicas revolucionarias, como así la presentación de la gran cantidad de herramientas y utensilios por él ideados para tal empresa.

El transporte y remplazamiento del obelisco fue una tarea realmente faraónica; es monolítico, mide poco menos de 26 metros y pesa 350 toneladas.

El papa Sixto V autoriza que se proceda a derrumbar lo que obstaculice las operaciones del transporte, incluida una parte de la Sacristía de la antigua basílica.
Los trabajos preparativos comenzaron el 30 de abril del año 1586, pero las altas temperaturas del verano romano impusieron una pausa durante el mes de julio.

El obelisco fue transportado en un total de 52 «etapas» con la participación de 900 hombres y 140 caballos. Ante gran expectativa popular, fue erigido el 10 de septiembre, y bendecido por Sixto V el 27 del mismo mes.

Donde manda capitán… también manda marinero

Es el 10 septiembre del año 1586; el obelisco del Circo de Calígula y Nerón (Circus Gai et Neroni) tiene que ser transportado a unos 300 metros aproximadamente, frente a la basílica de San Pedro, mucho antes de que estén terminadas la basílica y su plaza.

Desde muy temprano los romanos acuden para presenciar el espectáculo. El transporte de un monolito de casi 26 metros de altura (un edificio moderno de aproximadamente 9 pisos) y 350 toneladas es siempre un espectáculo, sobre todo si para la empresa hay 900 obreros y 140 caballos a disposición, con centenares de metros de cuerdas, herramientas y maquinarias de todo tipo, muchas de ellas recién inventadas por el gran arquitecto.

El único inconveniente es que, tanto los obreros como el público, tienen absolutamente prohibido hablar. Sólo el arquitecto Fontana está autorizado a hacerlo; encargado y único responsable de dirigir las operaciones. Tan estricta es la imposición de silencio, que quien no la respete lo pagará con la vida.
El verdugo y la horca están instalados en el lugar; el hecho no es anecdótico ni siquiera escenográfico. Las reglas son muy claras; pena de muerte para quien hable, con excepción del arquitecto Fontana.

Unas cuantas horas después de comenzado el transporte, y ya en fase de elevación del obelisco, uno de los obreros ocasionales -marinero de profesión- improvisamente y a toda voz, grita varias veces ¡¡¡Acqua alle funi… acqua alle funi!!! (agua a las cuerdas). El arquitecto Fontana comprende el mensaje desesperado de este hombre, y también él repite la orden insistentemente.

El marinero había notado que las cuerdas comenzaban a extenderse peligrosamente, y gracias a su oficio sabía bien que las cuerdas de cáñamo se acortan y endurecen al mojarlas, lo cual aumenta mucho su resistencia. Cumpliendo lo establecido, los guardias detienen inmediatamente al «culpable de romper el silencio». Sin embargo el papa, presente en la plaza, lo exime de toda culpa y le agradece el gesto.
Al saber que se trataba de un marinero propietario de una pequeña embarcación, lo autorizó a navegar con la bandera vaticana izada en su mástil. Poco tiempo después, el mismo pontífice le concede una muy buena pensión al capitán Benedetto Bresca; así se llamaba aquel marinero. Y además determinó que tanto al marinero Bresca como así también a su familia y descendientes, le sea otorgado el honor exclusivo de suministrar los olivos para el Domingo de Ramos, al iniciar las celebraciones de Semana Santa en la Basílica de San Pedro.

Durante muchísimos años nunca le faltaron a san Pedro los olivos de la familia Bresca al comenzar la Semana Santa. Desde mediados del siglo 20 es el Municipio de San Remo que continúa la tradición.

En Bordighera -su pueblo natal en Liguria- dicen que a veces se oye el grito desesperado de acque alle funi, de aquel marinero que, poniendo en peligro su propia vida, salvó la del célebre obelisco.

El Domingo de Ramos, un centenar de cardenales lleva en procesión, desde el obelisco hasta la basílica, los conmemorativos «parmureli» lígures. Los miembros de la familia Bresca, preparaban ramos de olivos.

¡¡Agua a las cuerdas!!

…uno de los obreros ocasionales
 -marinero de profesión- improvisamente y a toda voz,
grita en su dialecto lígure, repetidamente «Daghe l'aiga ale corde !!!» (agua a las cuerdas).

La simbólica presencia de la familia Bresca

Los «parmureli»; antigua tradición lígure, específica de San Remo y Bordighera.

Todos los años las ciudades de San Remo y Bordighera suministran a la Ciudad del Vaticano un histórico regalo simbólico, los tradicionales «Parmureli». Se trata de una composición hecha con palmas (hojas de palmera) intercaladas, provenientes de las dos ciudades respectivas.

Más de 2000 composiciones se distribuyen en la plaza San Pedro entre los presentes en la bendición papal. Para los cardenales se destina un centenar de parmureli de aproximadamente 1 metro; uno particularmente grande es para el Santo Padre.

Actualización: junio 2019

 Marcelo Yrurtia

Martine Ruais

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