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Textos correspondientes a la falsa

"Donación de Constantino"

Fraudes y leyendas

Donación sin historia

Bajo el nombre de Donatio Constantini se conoce un documento falso -con fecha 30 de marzo 315- en el que se detallan la donación de posesiones y privilegios otorgados al obispo de Roma y a la Iglesia romana, de parte del emperador Constantino el Grande.

El falso documento que implica al emperador Constantino y al papa Silvestre, consiste de dos partes.

Confessio

Así titulada la primera parte del documento, en la cual el emperador confiesa haber sido instruido en la fe cristiana por Silvestre, quién además lo bautizó. Fue justamente gracias a este bautismo -declara el emperador- que se curó de la lepra que sufría, a pesar de que se la consideraba enfermedad incurable.

Donatio

En la segunda parte, que da nombre a todo el documento Donatio Constantini, el emperador confiere vastos privilegios al obispo Silvestre y a sus sucesores. El obispo de Roma tiene la primacía sobre los cuatro patriarcas (Antioquía, Alejandría, Constantinopla, y Jerusalén) y por sobre todos los demás obispos. Según el documento, Constantino declara que el obispo de Roma tiene los mismos derechos honoríficos que el emperador; llevar corona imperial, capa purpúrea y túnica, y toda insignia imperial o señales de distinción.

Las autoridades eclesiásticas romanas -según la falsa Donatio- obtienen paridad de honores a los senadores imperiales; las basílicas de Pedro y de Pablo son dotadas de ricas posesiones.

A continuación, se «documentan» importantes donaciones de bienes inmuebles y territoriales; provincias, distritos y pueblos de Italia, como así enteras regiones occidentales.

Deslocalización imperial

Se asevera, también, que el emperador ha establecido para sí, en el Este, una nueva capital que lleva su nombre (Constantinopla), donde constituye la sede de su gobierno, dado que -el mismo emperador Constantino- considera inoportuno que un emperador gobierne donde Dios ha establecido la residencia del representante de la religión cristiana.

El documento concluye con amenazas y maldiciones contra quienes se atrevan a violar estas dádivas y reglamentaciones. Con absoluta certidumbre se declara que el emperador ha firmado, con su propia mano, el documento que ha sido depositado en la tumba de Pedro.

Tal la parcial pero significativa transcripción de los términos generales de este documento falso, probablemente redactado entre 750 y 850. «Casualmente» contemporáneo a la coronación de Carlomagno, el día de Navidad del año 800 en la basílica de San Pedro, por voluntad del papa León III.

Quizás se lo pueda considerar el fraude político que más ha dañado los principios de la religión cristiana, y que mayor influencia ha ejercido en la historia sociopolítica de Occidente.

Sus protagonistas existieron -Constantino, el obispo Silvestre, y la comunidad cristiana de Roma- pero al redactar y firmar tales acuerdos, hacía ya más de seis siglos que todos habían muerto.

Repaso 8

Detectives del pasado

En los primeros decenios de 1400 el cardenal alemán Nicolaus von Kues (Nicolás de Cusa) considera que el supuesto documento de la Donatio Constantini es apócrifo.
Mediante una atenta interpolación filológica, en 1440 el célebre humanista italiano Lorenzo Valla declara el documento irrevocablemente falso. También la iglesia, en el siglo 19 -con métodos de análisis más desarrollados- confirma las conclusiones del filólogo Valla. Por lo tanto, la Donatio Constantini (Donación de Constantino) no es más que una falsedad histórica.

¿Cómo consigue el filólogo desenmascarar la falsedad de un hecho de tal importancia, en un documento redactado seiscientos años antes? Cabe considerar que, independientemente del léxico general, toda lengua tiene ciertas palabras en una determinada época, que no han existido en una época pasada y nunca se las utilizará en una futura. Así fue como, mediante una interpolación filológica exhaustiva, Lorenzo Valla encontró anacronismos, contradicciones de contenido y forma, como así barbarismos latinos que no figuraban en ninguno de los miles de documentos analizados del siglo 4. Entre las huellas más indicativas de la falsedad, se encuentra la descripción de Constantinopla -en contemporaneidad al documento- que Constantino inaugurará veinte años después de la fecha citada.

Lorenzo Valla (1407-57)

Herencia envenenada

Se ha dicho que se podría considerar esta falsedad «documentada» como el relato novelesco que más influencia ha tenido en la historia de Occidente. A lo cual se debería agregar que, valiéndose de semejante ficción durante siglos, reyes y emperadores han fortalecido a su propio beneficio los poderes «papales», descreditando la Iglesia en cuanto institución promotora del verbo de Jesús; el Cristo.

Con la deposición de Rómulo Augústolo en el año 476, en Occidente se apagó el Imperio. La Iglesia continuaba su camino de cristiandad, ese mismo camino que en los catecismos se llama «la buena nueva» que Constantino supo aprovechar relacionándolo a su política. Otros mandatarios, quizás menos dotados de oportunismo que Constantino, comprendieron a posteriori la causa del enorme poder político de aquel Grande. Fue así como la estabilidad pontificia comenzó a ser pretendida y atacada por fuerzas extra eclesiásticas que aspiraban la tiara papal para obtener la corona, o simplemente reforzarla.

Ante el fuerte ataque de las facciones de la nobleza romana -a fines del siglo 8- el papa León III busca protección a su pontificado en quien le era solidario, el hijo de Pipino el Breve y rey de los francos; Carlos, que sólo después de su muerte será llamado Magno por Eginardo, su primer biógrafo.
Desde la coronación de Carlomagno en el año 800 hasta la última gota de sangre del «Sacro Germánico» pasaron mil años de barbarie política… y la Iglesia pagó y sigue pagando las descomunales bestialidades cometidas en su nombre por monarcas, reyes y emperadores ateos de toda confesión.

En la Iglesia se infiltraron muchos de estos personajes; mezcla rara de espías y piratas. A pesar de sus carnavalescos hábitos clericales, nunca fueron hombres de Iglesia ni jamás habrían podido llegar a serlo. Utilizaron y ensuciaron el nombre de la institución sin otro Credo que su paupérrima ambición personal.

No cabe ninguna duda, de Constantino el Grande la Iglesia recibió dos cosas; la libertad de culto y una herencia envenenada.

Repaso 9

Monarca germánico (franco) restaurador del Imperio en Europa Occidental.
Heredó el trono al morir su padre Pipino el Breve (768), como así las propiedades territoriales de su hermano Carlomán, al morir éste; 771.

En Navidad del año 800, Carlos I fue coronado emperador por el papa León III, en la basílica de San Pedro en Roma.
Esta peculiar alianza entre el neoemperador «romano» y el papa no fue más que una ficción política para mutuo beneficio, que dará lugar a una pugna por la supremacía entre ambos poderes, a lo largo de toda la Edad Media.

Primer y único emperador «romano» analfabeto, Carlos I falleció en 814.
Su biógrafo (Eginardo) le adjetiva la condición de «Grande», por lo cual pasará a la historia como Carlomagno.

Carlomagno emperador (800-14)

Otón I - Rey de Alemania y Emperador del Sacro Imperio Germánico (962-73)

Leyenda Áurea

Se la conoce bajo este nombre, pero en realidad es Leyenda Dorada el título de la obra del hagiógrafo Santiago de la Vorágine, en la que se cuenta la Donación al papa Silvestre, que no debe confundirse con la falsa Donación de Constantino.

Cuenta esta leyenda dorada que Constantino había enfermado de lepra; le dicen que para curarse debe sacrificar a unos niños y beber su sangre. El emperador se opone firmemente a cometer este acto.

Una noche, Constantino sueña con dos desconocidos de nombre Pedro y Pablo, quienes le dicen que busque a un eremita, un tal Silvestre que, escapando de las persecuciones anticristianas, se había escondido en una gruta en el monte Soratte; en la provincia de Roma. Le aseguran que ese eremita podrá salvarle la vida.

Al despertar, Constantino cree que esos dos, de nombres Pedro y Pablo, pueden ser dioses a él  desconocidos, y es así entonces que envía mensajeros al monte Soratte en busca del eremita Silvestre. Cuando el supuesto «eremita» se presenta ante Constantino, le muestra dos imágenes de los apóstoles Pedro y Pablo. Constantino reconoce a los dos «dioses» de su sueño.
Silvestre (que en realidad era el obispo de Roma; el papa) le impone al emperador un ayuno de una semana, y le dice que deberá liberar a todos los cristianos encarcelados.
Acto seguido, lo sumerge en una fuente bautismal y el debilitado emperador se cura de inmediato.

Constantino reacciona con profundo agradecimiento a Silvestre y a sus dos «dioses». Pasa los siete días de ayuno trabajando intensamente; prepara leyes para cristianizar la sociedad romana, y determina cuáles deben ser los derechos y obligaciones correspondientes a los varios niveles eclesiásticos.
Al octavo día -según la leyenda- va a buscar a Silvestre y, llorando como un niño, le confiesa todas sus culpas.

El emperador toma un pico y comienza a escavar para construir la basílica que se dedicará a Pedro (en Vaticano), y sobre sus espaldas carga las primeras doce bolsas de tierra; que sin duda simbolizan los apóstoles.

El día de Navidad del año 800, el papa León III corona a Carlos, rey de los Francos, en calidad de Emperador de Occidente. Sólo después de su muerte será llamado Magno; así lo considerará Eginardo, su primer biógrafo.

 Cristo corona a Cunegunda («santa») de Luxemburgo

y a Enrique II («el Santo») de Alemania, que le son presentados

por san Pedro y san Pablo, respectivamente.

Entre tantas otras aberraciones culturales, el dibujo ilustra algo que sucede diez siglos después de Cristo, de Pedro y Pablo, con raíces inconciliables, muy lejos del auténtico pontificado y de Roma…
pero sin embargo en nombre de la Iglesia.

Eginardo, primer biógrafo de Carlomagno.

Repaso 10

Actualización: junio 2019

 Marcelo Yrurtia

Martine Ruais

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