Basílicas y Catacumbas De imperial a papal La venerable escalera El tobogán de Aviñón Ciudad eclesiástica Portada San Juan  Repaso

Palacio Lateranense

De imperial a papal

El famoso «Egregiae Lateranorum aedes» que podríamos traducir como la «Regia Mansión de los Laterano», fue cambiando nombre como lo confirman los documentos de época; se lo llamó Episcopium (episcopio = palacio episcopal), Patriarchium Lateranense (del Patriarca del Laterano), y por último Palatium Lateranense; Palacio Lateranense, como lo es hasta el presente.
Al igual que la Archibasílica representa un hito histórico; se trata del primer palacio pontificio de la historia.

Durante el Medioevo, en las inmediaciones de la Archibasílica y del Patriarchium, la zona se desarrolla hasta delimitarse en dos espacios: el palatium interius -el palacio propiamente dicho- y el palatium  exterius; las dependencias al exterior del palacio.
En el
interius se encuentran las habitaciones privadas del pontífice; grandes salones, archivos y bibliotecas, como así la  escalera de honor y también la capilla privada de los papas.
En una magnífica sala con once ábsides se celebraron la mayoría de los Concilios organizados en Roma durante el medioevo. El primero de ellos en 1123 (el IX ecuménico) por la aprobación del acuerdo de Worms, con el que se puso fin a la «querella de las investiduras».

Conocido en su complejo como Patriarchium en el Medioevo. Tiene raíces en un antiguo edificio imperial, convertido en la primera Santa Sede ante litteram.
Fue residencia papal durante aproximadamente 600 años.

La mansión de Fausta

La zona y el conjunto monumental reciben el patronímico de sus primeros propietarios; la familia Laterano. La mansión fue la famosa «Egregiae Lateranorum aedes» que menciona Giovenale (X, 17).

La emperatriz Fausta (esposa del emperador Constantino) era cristiana, y en varias ocasiones, en su palacio se llevaron a cabo asambleas de la comunidad. En efecto, bajo el pontificado de Melquíades, en el gran palacio tuvo lugar el Primer Sínodo Episcopal en la historia de la Iglesia; hecho que se documenta en el Liber Pontificalis con estas palabras: «in domum Faustae in Laterano».

A partir del Edicto que determina la Libertad de Culto (313) Constantino y la emperatriz Fausta ponen a disposición del obispo Melquíades una parte del palacio, para que allí establezca su residencia. Fue ésta la primera sede pontificia, raíz histórica de la moderna Santa Sede.
Casi «codo a codo» se construyó la primera basílica cristiana de Occidente.
La «Basílica Áurea» como la llamaban con orgullo los romanos.

 

 

Ciudad eclesiástica

A medida que el palacio papal desarrolla su enorme estructura, en el palatium exterius surgen monasterios, escuelas religiosas, pensiones, hosterías y hospitales destinados a la recepción y atención de peregrinos, como así de embajadores extranjeros ante el papa. De este modo va formándose una ciudadela en torno a este primer y auténtico Palacio de los Papas; que lo fue durante diez siglos.
Incluyendo la Catedral, el Baptisterio y todos los edificios circundantes, abarcaba varias decenas de hectáreas; desde la Porta Asinaria (mura Aureliane) hasta el Castrum dei Santi Quattro Coronati, donde el Papa podía refugiarse en caso de peligro. Una auténtica «ciudad eclesiástica» autónoma; durante 1.000 años fue el centro universal de la Iglesia; el «Vaticano medieval».

San Juan en Laterano

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Palacio de los Papas en Aviñón

El tobogán de Aviñón

A grandes pasos llegamos a principios del siglo 14. Comienza el último acto del célebre Patriarchium, pocos años después de la celebración del primer Jubileo Cristiano, proclamado en este palacio por Bonifacio VIII en febrero del año 1300.

En 1309, el papa francés Clemente V «decide» trasladar la sede oficial del papado a territorio extranjero, a la ciudad de Aviñón; enclave clerical en Francia al servicio de Felipe IV.

Con la cautividad de Aviñón se apagan las luces del Patriarchium, que además es ferozmente atacado como reacción popular contra el «exilio» aviñonés. Dos incendios devastadores, en 1307 y 1361, causaron daños irreparables; el pueblo romano incendia el Patriarchium, pero en el símbolo son el rey Felipe y sus súbditos clericales quienes arden en la hoguera.
Si bien grandes sumas de dinero fueron enviadas desde Aviñón, lo perdido no se recupera y el edificio no volvió a encantar con su histórico esplendor.

Al regresar del largo «exilio» (70 años) a su sede natural -17 de enero de 1377- el célebre Patriarchium no es habitable, por tal motivo el pontífice se traslada al Palacio Apostólico comenzado en el Vaticano casi dos siglos antes por Inocencio XI, y continuado por Nicolás III; corría el año 1377.
El Patriarchium contaba entonces ya mil doscientos años aproximadamente; los papas no volverán a habitarlo de manera permanente.

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Excavaciones en la zona Laterano

Si bien el Patriarchium no podrá ya ser recuperado de su fatal deterioro, el papa insiste en salvar las partes de mayor valor histórico, dando prioridad a la antigua capilla (siglo 8) consagrada a «San Lorenzo in Palatio», y a la gran escalera de honor.

La escalera había entrado en la leyenda a partir del Año Santo del 1450 -hacía ya un siglo y medio- cuando comenzaron a correr voces acerca de sus extraordinarios orígenes; «La escalera de honor del Palatium -decía la voz popular- había sido la escalera del palacio pretorial de Pilatos, en Jerusalén; por la que subió Cristo el día de su condena… santa Elena la hizo traer a Roma

Una escalera hasta el octavo siglo

Una vez terminadas las obras de demolición, la antigua capilla papal quedaba aislada en un primer piso, sin escalera; la gran escalera de honor (legendariamente Santa) también quedaba aislada, sin subir a ninguna parte.
Entre el papa Sixto V y su arquitecto encontraron una solución bastante simple, pero ingeniosa y sobre todo práctica; desmontar la escalera y transportarla al lado de la capilla.

El arquitecto Domenico Fontana, que proyectó y supervisó el transporte y la reconstrucción de la escalera, dejó documentado que los obreros hacían el trabajo de noche, a la luz de antorchas, acompañados por grupos de fieles que oraban y cantaban himnos y salmos; y así fue desde la colocación del primer escalón hasta el último; todos de mármol y en total de 28.

Para facilitar el tránsito de peregrinos, el arquitecto agregó otras dos escaleras a cada lado, no sólo para el descenso, sino para uso de quienes estén imposibilitados a subir de rodillas.

En 1589 se dieron por concluidas las obras. Sixto V lo documentó mediante una bula papal, el 24 de mayo del año siguiente.

Desde entonces, por una escalera (la Scala Santa) se sube a la que fue, durante más de ocho siglos, la capilla privada de los papas.

La venerable escalera; la Scala Santa

A fines del siglo 16, Sixto V decide ampliar una gran villa de su propiedad, para utilizarla como residencia pontificia; el actual Palazzo del Quirinale, residencia del presidente de la República Italiana.

Al mismo tiempo, visto el estado deplorable del Patriarchium, el pontífice le encarga a su arquitecto -Domenico Fontana- la destrucción de las partes irrecuperables de la enorme estructura, y es así como muchas partes quedan aisladas. Mirando desde lo alto, el célebre edificio parecería quizás un archipiélago arquitectónico; la antigua capilla papal y la gran escalera de honor eran dos de sus «históricas islas».

Aunque sea legendaria la Santa escalera, merece todo respeto por la emoción que genera en el peregrino creyente que, al subirla, lo siente a Jesús subiendo a su lado.

¿O acaso, los no creyentes pueden asegurar que sea absolutamente cierto

lo que ellos creen, y negar todo el resto?

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Repaso 10

Actualización: junio 2019

 Marcelo Yrurtia

Martine Ruais

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